viernes, 1 de abril de 2011

sueños rotos

Beto salio a comer a las dos como de costumbre, había invitado a comer a Marielena, pero ella se excuso diciéndole que no podía porque tenia inventario en la tienda y que comería ahí para adelantar trabajo, -que tal si lo dejamos para la cena- le dijo, -esta bien mi vida, te pones bonita porque te tengo una sorpresa.

Beto y Marielena eran dos jóvenes el, de veintitrés años, ella apenas estaba entrando en los veinte, ya tenían dos años de novios y el pensaba pedirle que se casara con el ese día, cada tanto, el sacaba el anillo que traía en la bolsa y lo observaba a la vez que imaginaba su futuro al lado de la mujer que amaba, cavilaba largo rato pensando en lo felices que serian ya que les entregaran la casa de Infonavit que había solicitado, Beto se soñaba llegando a su casa después de trabajar y en el sueño ella lo recibía con un beso y un plato de comida caliente esperándolo en la mesa, en la sala veía a betito y a rocío haciendo la tarea; Beto imaginaba mil y una cosas, hasta que un pitido de la computadora o una petición de algún compañero lo sacaban de su ensoñación.

Beto al salir de la oficina para ir a comer se topo con Javier, un antiguo amigo de la escuela y compañero de trabajo, hacia tiempo que no se veían y Javier lo invito a comer; Beto siempre comía en un restaurantito pequeño que esta a la vuelta de su oficina, pero esta vez hizo la excepción, quería contarle a Javier sus planes para la noche.

Javier lo llevo a un restaurante nuevo que acababan de inaugurar en una plaza comercial muy famosa en la ciudad, se sentaron y pidieron de comer, Javier ordeno un plato de arrachera estilo norteño y Beto solamente una hamburguesa con papas. Les estaban sirviendo cuando Beto vio entrar a Marielena acompañada de su jefe, ella no lo vio, los recién llegados fueron a sentarse en un rinconcito apartado, querían intimidad para estar tranquilos, se sentaron del mismo lado de la mesa y estaban abrazados y de vez en cuando se besaban con mucha pasión, como si quisieran arrancarse los labios el uno al otro; al ver esta escena, a Beto se le descompuso el rostro, se quedo pálido y comenzó a sudar frío, Javier al darse cuenta le pregunto si se sentía bien, Beto contesto que no, que de pronto se sintió mal y le pidió de favor a Javier que lo llevara a su casa. Al ir saliendo Marielena alcanzo a ver a Beto y se puso algo nerviosa, pero su acompañante la tranquilizo diciéndole que si la hubiera visto hubiera armado un escándalo ahí mismo, estas palabras la tranquilizaron un poco y en unos minutos se olvido del asunto y siguió con lo suyo.

De camino a casa de Beto Javier pregunto: -que tienes Beto? -este le respondió –me siento mal, creo que me va a dar fiebre. –si quieres te llevo a un hospital, -le dijo Javier, -no gracias, yo creo que con un rato de reposo y unos antibióticos me alivio, -bueno, -dijo Javier al momento en que se detenía frente a la casa de Beto, este le agradeció el favor y la comida quedo pendiente para después.

Una vez dentro de su casa Beto se dejo caer en el sofá, aun no podía creer lo que sus ojos acababan de ver, para el no era posible que Marielena le pudiera ser infiel, no concebía que ella fuera capaz de semejante traición, nunca le había dado muestra de que fuera golfa o libertina, ella siempre se mostró recatada y decente, el nunca se había atrevido a pensar ni siquiera que existiera la remota posibilidad de que lo que paso pudiera suceder, el solo hecho de pensarlo se le hacia una ofensa hacia ella.

Eran las tres de la tarde y Beto veía como sus sueños se caían a pedazos, ahora en vez de imaginarse llegando a su casa siendo recibido por Marielena y sus hijos se veía llegando a una casa vacía, donde se sentaba a la mesa y todo lo que había de comer era una triste sopa maruchan que el mismo había puesto a calentar en el microondas. No podía concebir un mundo así, miraba el anillo fijamente, como si no existiera nada mas en el mundo, como si fuera la única cosa que lo mantenía atado a la realidad, lo miraba y lo miraba mientras su mente se iba quedando en blanco, así estuvo con la mirada fija hasta que se dieron las siete, cuatro horas habían pasado ya, y en esas cuatro horas no pensó en nada, hasta que minutos después el sonido de su celular lo saco de su letargo, era Marielena, -hola mi amor, oye te hablo para que me digas donde nos vamos a ver. –hola mi amor. –le contesto Beto y luego le dijo: -fíjate que Javier me invito a comer a un restaurante nuevo y me gusto mucho, esta en la plaza que esta ahí cerca de donde trabajas, que te parece si nos vemos ahí ya que salgas del trabajo. –esta bien mi amor, me parece perfecto. –Le respondió Marielena, -te amo, -le dijo Beto, -y yo a ti, -le respondió ella. Colgaron y Beto se metió a bañar.

Beto acudió puntual a la cita, entro al restaurante y tomo la mesa donde horas antes Marielena había comido con su amante, lo hizo de forma calculada, pensaba reclamarle la traición tan ruin que le había jugado, estaba pensando en todas las cosas que le diría cuando apareció ella en la puerta. Al verlo sentado en esa mesa comenzó a sudar frío, y la cara que puso el al verla le confirmaron su sospecha, el la había visto, por un momento pensó en dar la vuelta y salir huyendo de ahí, pero se dio cuenta que el cuando menos merecía una explicación; camino lentamente hacia donde se encontraba el, lo hacia con la cabeza agachada, mirando hacia el suelo, como miran las personas que tienen el sello de culpable tatuado en la frente. El sin articular ningún sonido la seguía con la mirada, con una mirada gélida, como si estuviera viendo a su peor enemigo.

-perdóname –dijo Marielena, el se levanto y la abrazo, ella se soltó llorando y le pidió perdón una y mil veces, entre sollozos le decía que no lo merecía, que el era un hombre bueno y que ella era una basura, esa y mil cosas mas le decía, el solo se limitaba a callar y a abrazarla. –si me perdonas te prometo que jamás lo volveré a ver. –dijo Marielena, el la aparto un momento de sus brazos, la miro a los ojos y le contesto –claro que te perdono, y aunque no me lo jures se que jamás lo volverás a ver, ella lo abrazo agradecida mientras continuaba llorando, el quito su mano derecha de la espalda de ella y la metio a la bolsa de su saco, de ella saco un revolver, lentamente y con toda tranquilidad lo levanto y lo llevo a la sien de Marielena, jalo el gatillo mientra decía: -claro que no lo volverás a ver mi amor.

El cuerpo de Marielena se desplomo, Beto la sostuvo con su brazo izquierdo y con cuidado la deposito en el suelo, acomodo sus manos como si estuviera dentro de un ataúd, luego de su bolsa izquierda saco la caja donde llevaba el anillo con el que pensaba pedirle matrimonio, abrió la caja y la deposito en sus manos, le dio un ultimo beso en la boca, y luego con toda la tranquilidad de una persona que no tiene nada que perder metió el cañón del revolver en su boca y apretó el gatillo.

De ahí en adelante todo fue obscuridad…

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Claro que todo fue oscuridad, porque, el suicidio así es, con decirle unas verdades era suficiente, porque después de todo, siempre se puede volver a comenzar....

Saludos.

Jeronimo Cuadras dijo...

si pero asi que chiste tendria la historia :P el caso era hacer ver que el personaje era medio psicopata XD.

saludos hasta chihuahua.