viernes, 27 de marzo de 2009

criaturas de la pared

Ven, ven, hacia acá, te estamos esperando ya, levántate y ven con nosotros, no tengas miedo, aquí estarás mejor, ven anda, no pierdas mas tiempo, que la luz ya va a comenzar.

Como un susurro se oía, casi como canción de cuna, te llamaba el sonido hacia la pared, te llamaba a cruzar hacia otro lugar, de donde no volvías jamás, muchos se fueron a ese lugar y nunca se les ha visto volver, otros confiados quisieron probar pero no fueron llamados jamás.

Nunca se supo si fueron fantasmas o seres malvados de otra dimensión, pero todo aquel que dormía en esa habitación desaparecía misteriosamente, a veces solo quedaban los zapatos, otras veces no quedaba nada, era un misterio como desaparecían las personas en esa habitación, solo tenia una puerta y una ventana pequeña por la cual ni un niño hubiera podido escapar, solo una persona logro despertar y salir de aquella habitación, nadie creía lo que le paso y creyéndolo loco el mundo lo ignoro.

Paso mucho tiempo y la leyenda inicio, forjada de la historia de aquel joven y hoy viejo que al pueblo contó.

Todo sucedió en un pequeño hotel de un pequeño pueblo, junto a un lago también pequeño, el pequeño pueblo era paso obligado para todos los viajeros de aquella región, pues el pueblo estaba en una de las orillas de un lago que estaba entre dos montañas, y ese punto geográfico era el único lugar por donde se podía pasar fácilmente de un lado de la sierra al otro.

Ese pequeño pueblito se llamaba villa serena, siempre fue muy tranquilo y pacifico, aun con el transitar de tantas personas desconocidas, ahí en ese mismo pueblito había un pequeño hostal, que solo tenia nueve habitaciones, aunque generalmente solo se ocupaban una o dos, y muy raramente se ocupan las demás, esta historia se inicia en la habitación nueve, ahí esta la pared donde habitan las criaturas, así les llamo Simon, el fue el único que las vio y logro salir de la habitación.

Simon fue el primero en ver a las criaturas de la pared, el era lo que se le podría llamar un trotamundos, el viajaba de un lugar a otro trabajando en lo que podia para sobrevivir, nunca conoció a su familia puesto que lo abandonaron a las puertas de una iglesia cuando nació, ahí se crío hasta los siete años, a esa edad se escapo de ahí y comenzó a vagar por el mundo, Simon nunca se enamoro, ni entablo amistad alguna con nadie, el solo vivía para si mismo, cuando alguien le preguntaba si tenia amigos el contestaba que solamente el sol y la luna, en el tiempo que paso en la iglesia donde paso sus primeros años nunca recibió una muestra de cariño, el párroco que se hacia cargo de el era un viejo amargado y estricto, y a pesar de dedicarse a la obra de dios nunca se intereso por alimentar su alma, Simon entendía lo que era el amo y la amistad, pero siempre pensó que eran solo una perdida de tiempo, muy en el fondo de su corazón el guardaba un enorme resentimiento hacia sus padres, y por temor a sentirse abandonado otra vez no entablaba relación alguna con nadie.

Por azares del destino Simon fue a parar en villa serena, llego al pueblo un 5 de noviembre, no tenia pensado quedarse ahí, solo quería cruzar el lago para poder seguir su camino hacia la gran ciudad, pero desafortunadamente ahí lo sorprendió la noche.

A Simon le encantaba dormir a cielo abierto, y así lo hubiera hecho de no ser por la tormenta que se veía acercarse en el cielo, por eso fue que decidió buscar alojamiento en el hostal, como una muy rara coincidencia del destino, ese mismo día había llegado un grupo de estudiantes que estaban de excursión, por lo que casi todas las habitaciones estaban ocupadas, como Simon llego después que los estudiantes a el fue al que le toco la ultima habitación, la numero nueve.

Después de hacer todo el tramite de registrarse en la recepción y de dejar sus escasas pertenencias en la habitación, Simon decidió, a pesar de la tormenta que se avecinaba ir a la taberna del pueblo a tomarse un trago antes de irse a dormir.

Al volver a la habitación Simon iba trastabillando por todo el pasillo que conducía a la habitación, los tragos que se había tomado ya habían surtido su efecto, llego a su habitación, entro y cerro la puerta, miro hacia todos lados y todo era obscuridad, a tientas se acerco a la cama, se sentó y con la mano comenzó a buscar la caja de cerillos y la vela que horas antes había visto encima del pequeño buró que estaba al lado de la cama.

Torpemente intentaba encender la vela cuando el sopor provocado por el alcohol lo hizo desistir de su intento, así como se encontraba en la oscuridad, decidió acostarse a dormir, a pesar de que estaba ebrio tenia dificultad para conciliar el sueño, el sonido de los truenos que acompañaban a la tormenta no lo dejaban dormir, cada vez que la luz de un relámpago se introducía por la pequeña ventana el se sobresaltaba, nunca nadie lo supo, pero Simon le tenia terror a las tormentas, por eso cada vez que había alguna el tenia que recurrir al valor que le proporcionaba el alcohol para no volverse loco de terror.

Dos horas duro la tormenta, era alrededor de la media noche cuando amainaron los truenos y los relámpagos, y ya mas tranquilo por fin pudo conciliar el sueño, el murmullo de las gotas de lluvia al caer lo arrullaba, Simon dormía placidamente soñando que vagaba libremente por un campo verde, sin mas compañía que el viento y el sol que iluminaba el día, dormía y soñaba tranquilamente sin imaginar que en ese momento la pared de la habitación comenzaba a cobrar vida.

lentamente y muy bajo se comenzaba a oír un pequeño sonido, se oía como si fuera el latido de un corazón, toc, toc, toc, se escuchaba, toc, toc, toc, el sonido provenía de la pared.

A pesar de que todo estaba en penumbra el la pared se comenzaba a formar una sombra, al principio solo parecía una mancha grande en la pared, pero poco a poco comenzaba a tomar forma, conforme iba aumentando la intensidad de los latidos la sombra iba tomando forma, hasta que de un derepente ceso el sonido y la sombra termino siendo casi una figura humana.

Descansa tranquilo,
Todo estará bien,
Yo voy a cuidarte
No debes temer
Ven dame la mano
Te voy a llevar
A un mundo muy lindo
De felicidad.

Descansa mi cielo
Ya no llores mas
Que ya paso todo
Y no volverá.

Te llevare a un mundo
De luz y color
Ahí no hay preocupaciones
Ni existe el dolor.

Como una canción de cuna se escuchaba el murmullo que provenía de aquella sombra, cantaba y cantaba mientras salía de la pared, pasando de ser una sombra a ser una forma física. Aquel ente parecía estar hecho de una especie de humo muy denso, daba la impresión de que si se tocaba se podía atravesar con la mano. Aquella criatura cantaba dulcemente mientras se acercaba a donde estaba durmiendo Simon, al llegar a su lado suavemente lo tomo de la mano. –ven, acompáñame. Le decía la criatura mientras lo tomaba de la mano y lo levantaba como si estuviera hipnotizado. –ven conmigo a mi mundo. –continuaba diciéndole una y otra vez la criatura.

ven, ven, hacia acá, te estamos esperando ya, levántate y ven con nosotros, no tengas miedo, aquí estarás mejor, ven anda, no pierdas mas tiempo, que la luz ya va a comenzar.

Ya estaba completamente de pie avanzando hacia la pared de la mano de la criatura, cuando rozo con una pierna el buró, eso hizo que la vela se cayera y rodara haciendo ruido al caer, y ese ruido despertó a Simon, lentamente abrió los ojos y se dio cuenta que estaba parado a escasos centímetros de la pared, casi la tocaba con el brazo de donde lo tenia agarrado la criatura, una vez que pudo enfocar vio la criatura y quiso gritar pero no pudo, en cambio la criatura al ver a Simon a los ojos dio un alarido de terror tan horrible que le erizo la piel a todo el que pudo escucharlo, ese alarido era como el que se imagina uno que daría una madre al ver morir a un hijo, o el que daría cualquiera al ver al mismísimo demonio, era un sonido agudo y cargado de terror, era como ver a la muerte a los ojos.

Después de aquel aterrador alarido la criatura soltó la mano de Simon y desapareció en la pared, Simon tardo otros treinta segundos en reaccionar, hasta que pudo moverse y salir corriendo despavorido rumbo a la puerta y hacia fuera de aquella habitación.

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